Introducción
La necesidad de conocimiento es inherente al ser humano. Su soporte
y transmisión han sufrido cambios de diversa índole hasta la llegada de
Internet, donde el flujo de información y su inmediato acceso han provocado que
cualquier usuario que se le aproxime «a golpe de click», se empape de
una cantidad ingente de información, la cual en bastantes ocasiones quien la
lee o escucha no es capaz de interiorizar.
Con el actual ritmo frenético que vivimos, apenas hay tiempo
para verificar todos los datos que recibimos, asimilándolos mayormente como
verdaderos o falsos según prejuicios, sesgos o simpatías; aceptamos incluso
titulares o gacetillas dictados con subjetividad deliberada. ¿Ha perdido
presencia y fuerza la alfabetización informacional entre nosotros? ¿La
población ha cedido ante un gregarismo obsecuente y obcecado?
El artículo que he elegido perfila al nuevo tipo de lector
existente, el lector digital, y le circunscribe en el entorno de las
principales manifestaciones de los trastornos de la información a los que está
expuesto (posverdad, fake news, desinformación…) y también ofrece
garantes para sortear tales confusiones informativas, siendo la Alfabetización
Mediática e Informacional (MIL) el más importante.
Resumen del artículo
Así pues, el artículo de García-Roca y De Amo Sánchez-Fortún[1],
lleva a cabo un análisis sobre cómo la desinformación podría plantarse como un
verdadero peligro para la democracia. Aunque no se ajusta en una exhaustiva trayectoria
diacrónica, los autores del paper citan la Guerra Fría como ejemplo
anterior en esta era tecnológica, pero con las mismas intenciones
desinformativas para dividir población y naciones [Andrés (2018)].
La MIL sufre la desinformación en la actual era digital.
Establece los siguientes intervalos generacionales: Baby Boom (1949-1968)
y Generación X (1969-1980), los cuales no recibieron una formación
digital desde pequeños, y han tenido que aprender por sí mismos; Millenials
(1981-2000), que sí han crecido con esta formación, sumándose el uso masivo de
internet y Generación Z (nacidos a partir del 2001), que no han conocido
el mundo sin tecnología ni internet. Todas estas generaciones viven, hoy día,
rodeados de una cantidad descomunal de información, provocando el denominado information
disorder (trastorno de la información).
Se exponen tres objetivos para indagar sobre la lectura
digital:
1. Definición de lector digital. El mero
hecho de la lectura en soporte papel (u otros más antiguos) queda relegado por
la aparición de la pantalla líquida, de la retroalimentación: el lector también
es forma activa de ese texto digital (puede añadir o quitar palabras, imágenes,
recortar, difundir desde el mismo dispositivo… El modelo lineal «emisor y
receptor» queda, pues, obsoleto.
2. Enumeración de las manifestaciones
principales involucradas en los trastornos de la información. Aparición de
la Web 2.0 y de nuevas competencias vinculadas al soporte digital:
publicaciones multimodales, navegación en red, compartir contenidos; un texto
expansivo e interconectado (hipertexto), el protagonismo del algoritmo para
perfilar una navegación personalizada y satisfactoria… Todos estos avances
conllevaron a la aparición de intereses mediáticos para atraer la atención del
lector digital como son: la manipulación de datos, fake news y hoaks,
la posverdad, la infoxicación, los ciberanzuelos, la magna presencia de las
redes sociales en la vida cotidiana del lector digital.
3. Desarrollo de conocimientos, habilidades y
aptitudes para un correcto desarrollo de la MIL. La UNESCO juega aquí un
papel importante para intentar formar al lector digital. Se dictan las cinco
leyes de la MIL[2] [3]
Análisis personal
Si bien hace cien años había un elevado porcentaje de
analfabetismo en España por no tener acceso a la alfabetización informacional;
después de bajar a cero ese tanto por ciento en los años setenta, en los
últimos lustros ha crecido el número de analfabetos informacionales. Ahora
parece que no se inculca la lectura ni pensamiento crítico desde edades
tempranas, la información se consigue a base de réplicas de mensajes que unos
pocos dicen deliberadamente recuerda, los cuales se distribuyen a través de
diversos medios de comunicación o redes sociales; la Teoría del Cultivo no ha
dejado de estar vigente.
La autonomía que el lector digital ha obtenido ha hecho que
en lugar de sacar un óptimo rendimiento con todos los accesorios que tienen a
su alrededor, se conciba una forma de permisividad y gregarismo preocupante. El
artículo habla de desinformación deliberada y comenta el concepto agnotología,
que se refiere al estudio de la ignorancia o duda deliberada y que surgió en
los años 40, y que fueron usados para fines partidistas y políticos (nada nuevo
bajo el sol).
La siguiente máxima de la UNESCO (2005) es determinante: «La
información es efectivamente un instrumento del conocimiento, pero no es el
conocimiento». En esta era de hiperinformación y de hipertexto, no basta con
tener acceso a datos o a noticias que también hay que poder entenderlo y
asimilarlo, para ello el desarrollo del pensamiento crítico es esencial. La
alfabetización informacional debe ir de la mano de una alfabetización
mediática, como se ve en la siguiente tabla y que se puede consultar en su texto
original (UNESCO, 2011).
Tabla 1 Comparativa de alfabetización informacional y
alfabetización mediática de Wilson et al. (2011)
Surge la compleja tarea de la multialfabetización,
propuesta por Area y Guarro (2012) que implica el aprendizaje y adopción de
aptitudes y de habilidades para moverse con soltura y seguridad por la cultura
digital: no basta con saber leer y escribir, hay que conocer cómo funcionan las
tecnologías, aprender a comunicar de manera eficaz con ética y crítica
responsable a través de las redes sociales y de otras plataformas, tener
apertura al aprendizaje colaborativo y flexible…
Conclusiones
La MIL es una herramienta poderosa por tres dimensiones:
cognitiva, instrumental y actitudinal, pero esas fortalezas que puede adquirir
el lector digital en particular, y la sociedad en general ha quedado menguada.
Nos hemos convertido en prosumidores pero orquestados bajo un sector interesado
en no dejar prosperar una conciencia colectiva, colaborativa y productiva con
cierta homogeneidad. ¿Confirmamos, pues, la existencia de una nueva batalla
informacional? Como dijo McInyre (2018): «estamos en un régimen de supremacía
ideológica que desprecia otros modos de pensamiento». Para combatir un mundo
donde la desinformación gobierne, es conveniente formar formadores en
habilidades informativas para que estos las transmitan a otros usuarios; hay
que aprender a procesar la información que recibimos y también a descartar
aquella que no es conveniente ni interesante, incluso si es peligrosa, y para
ello, nuevamente aparece, el pensamiento crítico es fundamental. ¿Cómo saber si
tenemos pensamiento crítico si ahondamos en datos si no hemos tenido una
formación específica previa?
Bibliografía
Area, M.; Guarro, A. (2012). La alfabetización informacional
y digital: fundamentos pedagógicos para la enseñanza y el aprendizaje
competente. Revista española de documentación científica, (Monográfico),
46-74. Disponible en: http://redc.revistas.csic.es/index.php/redc/article/download/744/825
García-Roca, A.;
Amo(de) Sánchez-Fortún, J. M (2023). La Alfabetización Mediática e
Informacional en un contexto de desinformación. TEJUELO. Didáctica de la
Lengua y la Literatura. Educación, 37, 99-128. Disponible en: https://tejuelo.unex.es/tejuelo/article/view/4397
Gerbner,
G., et alii (2002). Growing up with television: Cultivation processes. Media
effects (pp. 53-78). Routledge. Disponible en: http://infodemikitabi.org/wiki/_media/livingwithtelevision_thedynamicsofthecultivationprocess.pdf
Proctor,
R., y Schiebinger, L. (2008). Agnotology: The Making and Unmaking of Ignorance.
California: Stanford University Press. Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/7209226.pdf
Rodríguez Andrés R. (2018). Fundamentos del concepto de
desinformación como práctica manipuladora en la comunicación política y las
relaciones internacionales. Historia y Comunicación Social, 23(1),
231-244. Disponible en: https://revistas.ucm.es/index.php/HICS/article/view/59843
UNESCO (2005). Hacia las sociedades del conocimiento. París,
Ediciones UNESCO. Disponible en: https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000141908
¿Cómo se hizo?
De las seis propuestas de investigación ofrecidas para
realizar esta primera entrada al blog, la que más me llamó la atención
fue la Alfabetización Informacional (ALFIN) Empecé con la lectura de las
«Directrices sobre desarrollo de habilidades informativas para el aprendizaje
permanente» de Jesús Lau (IFLA,
2007), que hace hincapié en el desarrollo de habilidades informativas (DHI)
para elaborar una guía para profesionales de la información para después formar
usuarios.
Después he seguido la búsqueda de artículos usando Google
académico y escribiendo las palabras clave sugeridas (information literacy,
digital literacy, competencias informacionales…). Tras escudriñar una
veintena, verifiqué que en muchas ocasiones las seis propuestas convergían en
mayor o menor número, por lo que seleccionar un artículo que solo tratase sobre
la ALFIN no iba a resultar más enriquecedor que si lo hacía con otro que
tratarse de varias propuestas: al fin y al cabo desde el trabajo de Documentación
hay que trabajar de manera interdisciplinar.
Finalmente me decidí por el artículo «La Alfabetización
Mediática e Informacional en un contexto de desinformación» de García-Roca y De
Amo Sánchez-Fortún porque la desinformación es un tema que está cada vez más
presente en nuestra hiperconectada y reticulada sociedad, y personalmente me
resulta preocupante que, teniendo tanto acceso a la información, cada vez
seamos más ignorantes y adocenados; pretendemos estar informados pero solo
hacemos eco de aquello que escuchamos de la boca o leemos de la tecla de unos pocos
comunicadores.
[1] García-Roca, A.; Amo(de)
Sánchez-Fortún, J. M (2023). La Alfabetización Mediática e
Informacional en un contexto de desinformación. TEJUELO. Didáctica de la
Lengua y la Literatura. Educación, 37, 99-128.
[3] Más
información en: https://www.unesco.org/es/media-information-literacy/five-laws
(última actualización 17 de noviembre de 2023)
[4] Nota. Adaptado
de «Alfabetización Mediática e Informacional Currículum para profesores» (p. 17),
por UNESCO, 2011, ediciones UNESCO. Disponible en: https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000216099
